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martes, 25 de febrero de 2014

Las abejas son también adictas al café

Como dijo el matemático húngaro Alfréd Rényi (aunque a veces atribuído erróneamente a Paul Erdös), los matemáticos son máquinas de convertir café en teoremas. Otra gente bebe café y otras bebidas con cafeína por una amplia variedad de razones, haciendo de la cafeína una de las drogas (legal, eso sí) más consumida en el mundo.

El consenso entre los científicos es que las plantas producen cafeína y otras drogas como defensa frente a herbívoros. Sin embargo, la producción de una pequeñísima concentración de cafeína en el nectar de plantas como el limón, el pomelo y la granada no parece estar de acuerdo con esta explicación. Geraldine Wright y otros científicos de Newcastle University, University of Dundee y Arizona State University encontraron pequeñas concentraciones de cafeína en el néctar de cuatro especies de Citrus y tres especies de Coffea. En un reciente artículo [1], exploran además la posible función de estas pequeñas cantidades de cafeína. Los resultados son sorprendentes: igual que hacen los matemáticos, los insectos polinizadores podrían estar obteniendo mejoras en su memoria gracias a la cafeína.


Figure 1. Bee extending its proboscis. | Credit: Neerav Bhat
Figura 1. Abeja extendiendo su probóscide. | Foto: Neerav Bhat
El perro de Pavlov aprendió a asociar el sonido de una campana con comida. Una vez entrenado, babeaba al oír la campana, incluso cuando no había comida. Las abejas pueden ser entrenadas de un modo similar para asociar olores con alimento. Las abejas no babean, pero extienden su probóscide al notar el olor que han asociado con la comida. Geraldine Wright y sus compañeros entrenaron diferentes abejas para asociar un cierto olor con una solución dulce y con diferentes pequeñas concentraciones de cafeína.

Figura 2. A) La concentración media de cafeína en el néctar de varias especies de Coffea y Citrus oscila entre 0.003 to 0.253 mM. La última cantidad es comparable a la concentración de cafeína en una taza de café. B) Las abejas rechazan una solución dulce que contenga grandes cantidades de cafeína, pero aceptan concentraciones similares a las encontradas en el néctar de varias especies de Citrus y Coffea. | Fuente: Wright et al (2013)

Los investigadores encontraron células sensibles a la cafeína en la boca de las abejas. Las abejas rechazaban líquidos con altas concentraciones de cafeína, pero pequeñas concentraciones no parecían importarles (Figura 2). Las pequeñas concentraciones de cafeína parecían tener poco impacto en el proceso de aprendizaje, pero la sorpresa vino cuando comprobaron la capacidad de las abejas de recordar los olores al día siguiente: las abejas entrenadas para asociar un olor con una solución de azúcar y cafeína lo recordaban con una probabilidad tres veces mayor que las que habían sido entrenadas con una solución descafeinada (Figura 3). 

Figura 3 A) La concentración de cafeína afecta poco al proceso de aprendizaje. B) Sin embargo, concentraciones bajas de cafeína hacen que las abejas recuerden 24 horas después los olores a los que habían sido entrenadas con mayor probabilidad. Las barras rojas rayadas marcan las concentraciones de cafeína habitualmente encontradas en el néctar de las especies de Citrus y Coffea. | Fuente: Wright et al (2013)

¿Cómo afecta la cafeína al cerebro de los insectos? En los mamíferos, la cafeína bloquea el efecto del neurotransmisor adenosina en ciertos receptores. Esto produce la activación de ciertas áreas del hipocampo asociadas con la formación de memoria. En colaboración con la Dra Mary Palmer de la Universidad de Dundee, los investigadores exploraron los efectos de la cafeína en el "mushroom body", una estructura del cerebro de los insectos asociada a la memoria olfativa y al aprendizaje. Descubrieron que allí la cafeína producía una activación de ciertas células (células de Kenyon), una activación que parecía producida también por el bloqueo de receptores de adenosina. Esa activación podría explicar la mejora en la memoria a largo plazo observada.

Aún actuando como repelente a altas dosis, como las encontradas en los granos de café, este artículo muestra que las flores podrían estar produciendo pequeñas dosis de cafeína para drogar a los insectos polinizadores y modificar su comportamiento. Este nuevo avance en la carrera de armas de las plantas haría más sencillo para las abejas asociar determinadas flores con néctar. De este modo, es más probable que la misma mosca visite repetidas veces el mismo tipo de flores, mejorando las posibilidades de polinización. Y quizás esto no sea producción de teoremas, pero una polinización más eficiente tiene una gran importancia ecológica y económica.

[1] Wright G.A., Baker D.D., Palmer M.J., Stabler D., Mustard J.A., Power E.F., Borland A.M. & Stevenson P.C. (2013). Caffeine in Floral Nectar Enhances a Pollinator’s Memory of Reward, Science, 339 (6124) 1202-1204. DOI: 

Este artículo apareció originalmente en inglés como colaboración para el blog Mapping Ignorance.

jueves, 29 de agosto de 2013

Sobre neuronas y explosiones nucleares


Las técnicas que han permitido cuantificar el nacimiento de nuevas neuronas en animales adultos no se pueden aplicar fácilmente a seres humanos. Como consecuencia, hasta muy recientemente no se ha podido probar en qué partes del encéfalo de un adulto es importante este fenómeno.

Si quieres saber cómo un grupo de investigadores ha resuelto este problema, sigue leyendo en mi colaboración para Mapping Ignorance "On Neurons and Nuclear Explosions".

martes, 19 de junio de 2012

Sobre robots eficientes y gatos zombies

¿Cuál de los siguientes robots anda de manera más "humana"? ¿El mundialmente conocido robot japonés ASIMO...



... o uno de estos que ha diseñado el grupo de Andy Ruina en la Universidad de Cornell?





Seguramente casi todo el mundo responderá que los últimos, pese a su forma menos humanoide... ¿Qué está ocurriendo?

El primer robot (Honda ASIMO) se mueve por una serie de posiciones de equilibrio estático, y cada una de sus articulaciones está controlada por un actuador. La precisión con la que se tienen que controlar las articulaciones para que ASIMO no se desequilibre tiene que ser mucho mayor que aquella con la que nosotros controlamos nuestras propias articulaciones. Muy complicado, y con un consumo de energía alto.

El segundo robot, sin embargo, no tiene ningún tipo de control electrónico. Un inteligente diseño permite que avance automáticamente bajando una ligera pendiente. En cierto modo, se encuentra siempre en equilibro dinámico, "cayendo" continuamente hacia adelante de una manera controlada. Añadiendo algunos actuadores y un sistema de control electrónico, el tercer robot (Cornell Ranger) es capaz de andar y cambiar de dirección en terreno llano, con un consumo de energía mínimo. Escalando los diseños a un tamaño comparable, mientras que Cornell Ranger consume aproximadamente la misma energía que un humano al caminar, ASIMO consume 10 veces más. 

Esta aproximación al diseño de robots, en la que buena parte del control de movimiento se lleva a cabo de forma implícita en su estructura mecánica, se denomina dinámica pasiva (passive dynamics). El Monstruo Volador de Espagueti en su infinita sabiduría (o la evolución, según algunos radicales) tomo este camino a la hora de "diseñar" el movimiento de los animales. Al parecer, un perturbador experimento (anónimo, expertos del campo desconocen la fuente) muestra esto en un felino. Sin intervención del encéfalo (al haber sido desconectado de la médula), el animal parece reproducir los diferentes patrones de avance (gaits) al ser colocado sobre una cinta que se mueve a diferentes velocidades. Todo esto sólo con la mediación de los reflejos mediados por la médula espinal. El encéfalo serviría para modular y elegir entre estos patrones, nunca para generarlos.





Más información:

miércoles, 29 de febrero de 2012

¿Cuántas estrellas podemos ver a simple vista?

Glorious Milky WayUna pregunta milenaria, que seguro preocupó a muchas mentes a lo largo de la historia. La primera aproximación es decir que son muchas, y en este sentido queda retratado en Génesis (15 4-5):
El Señor lo llevó fuera, y le dijo: “Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas.” Y añadió: “Así será tu descendencia".
Los astrónomos griegos, mucho más metódicos, obtuvieron una cifra más precisa de las estrellas que podían ver a lo largo del año. Por ejemplo, Hipparco (aprox. 127 a.C.) catalogó 850 estrellas en el cielo nocturno, mientras que Ptolomeo de Alejandría (127-151 d.C.) aumentó esa cifra a 1022 [1]. De éstas, en un cielo sin Luna y en condiciones muy favorables se pueden ver algo más de la mitad (pues el resto estaría bajo el horizonte).

Los astrónomos griegos dividieron a las estrellas visibles en 6 clases, atendiendo a su brillo aparente. Las estrellas más brillantes como Sirio o Vega eran clasificadas como de magnitud 1, y las más tenues que se podían ver a simple vista en las mejores condiciones caían en la clase 6.

A finales del siglo XIX, Sir N. R. Pogson se dio cuenta que las estrellas típicas de magnitud 6 eran aproximadamente 100 veces más ténues que las de magnitud 1, y que la escala era logarítmica, siendo las estrellas de cada magnitud unas dos veces y media más brillantes que las de la siguiente. Sobre la base de esta observación, Pogson redefinió la escala de magnitudes estelares de modo que pudiera asociar un número real al brillo aparente de cada estrella.

En esta nueva escala algunas estrellas con gran brillo aparente tienen magnitud negativa. Así, por ejemplo, el Sol tendría una magnitud –26.74, mientras que Sirio (la estrella más brillante del cielo nocturno) tiene una magnitud de –1.47. También podemos asociar una magnitud a estrellas que sólo son visibles a través del telescopio. Por ejemplo, la estrella más cercana al Sistema Solar (Proxima Centauri) tiene magnitud 11.09.

En una noche oscura y con las mejores condiciones de observación, el ojo humano puede llegar a ver estrellas hasta de magnitud 6 o 6.5 en la nueva escala. De las 300.000 millones de estrellas de nuestra galaxia, 9500 tienen magnitud menor que 6.5. En el mejor cielo estrellado es posible que se puedan a contar unas 4000 a simple vista. En ciudades pequeñas la contaminación lumínica sólo permite que detectemos estrellas de magnitud menor que 4, reduciendo el número de estrellas visibles a unas 200.

Pero... ¿Qué produce ese límite de magnitud de 6.5? Podríamos pensar que el problema está en nuestros ojos. Sin embargo, una estrella de magnitud 6.5 es lo suficientemente brillante como para que cada una de nuestras retinas reciba unos 200 fotones / segundo [2]. Teniendo en cuenta que nuestros bastones (entre las tres clases de fotoreceptores de nuestra retina, la que media la visión nocturna) pueden detectar y trasmitir la captura de un único fotón, esto debería ser suficiente para detectar la estrella ¿Qué está ocurriendo?

Lo cierto es que los bastones no son completamente infalibles, y de vez en cuando reaccionan pese a no haber detectado ningún fotón. Esta reacción es indistinguible de la verdadera captura de un fotón. Para que el ojo esté seguro de haber detectado una estrella, no basta con detectarla; el flujo de fotones capturados debe ser bastante mayor que el flujo de "fotones falsos" reportados por los bastones.

¿Explicaría esto el límite de magnitud 6-6.5? Pues en realidad no. El astrónomo americano Heber Curtis descubrió que podemos ver estrellas mucho más tenues si ocultamos el cielo alrededor de la estrella. Podemos detectar estrellas de magnitud 8.5 cuando las vemos a través de un orificio en una pantalla oscura. Usando tan avanzado aparato, se elevaría a varias decenas de miles el número de estrellas que podríamos contar en una noche.

Sólo un tercio de la luz del cielo terrestre más oscuro procede de las estrellas que podemos discernir a simple vista. El resto es luz difundida que se reparte de manera homogénea en todo el cielo, procedente principalmente de tres fuentes. La primera son reacciones químicas producidas en la alta atmósfera. La segunda es la llamada luz zodiacal, radiación reflejada por el polvo interplanetario. Finalmente, un pequeño porcentaje es debido a la luz galáctica, compuesta de la emisión de estrellas y galaxias demasiado ténues como para ser vistas de manera individual. Esta luz difusa "tapa" las estrellas tenues, y termina limitando el número de estrellas que podemos contar a simple vista [2].

Como veis, para esta y otras muchas preguntas sobre ciencia la respuesta correcta (y la más interesante) suele ser "depende".

Fuentes:

[1] Clifford A. Pickover "The Stars of Heaven"
[2] R.W. Rodiek "The First Steps in Seeing"

Esta entrada participa en el Carnaval de la Física, que acoge este mes el blog Física, Arroz y Frijoles.

lunes, 11 de julio de 2011

Efecto óptico que produce caras grotescas



Poned el vídeo de arriba, fijando vuestra mirada en una de las dos caras. Cambiará unas 4 o 5 veces por segundo, pero siempre por otras caras "normales", de las que te encuentras en el día a día por la calle. Ahora haced lo mismo, pero fijando vuestra vista en el aspa del medio de la imagen, como piden en el vídeo. Observaréis que algunas de las caras se vuelven grotescas, deformes.

Este efecto óptico ha sido llamado "flashed face distortion effect" (aproximadamente, efecto de distorsión de la cara flasheada) por los investigadores que lo descubrieron. Si una de las caras tiene una característica reseñable respecto a las otras, por ejemplo un mayor mentón o una nariz más pequeña, el efecto hace que la percibamos exagerada, dando un aspecto grotesco a una cara normal. Si los ojos de las caras no están en el mismo sitio, o si las caras son de tamaño muy diferente, el efecto desaparece.

Otro ejemplo más de lo que ocurre con un cerebro que tiene recursos finitos y tiene que ahorrar. El sistema visual procesa la imagen, pero trasmite principalmente sólo lo más interesante, como los cambios, que podemos ver exagerados en ilusiones ópticas como ésta.

Fuente: Tangen J M, Murphy S C, Thompson M B, 2011, "Flashed face distortion effect: Grotesque faces from relative spaces" Perception advance online publication, doi:10.1068/p6968

miércoles, 4 de mayo de 2011

¿Vemos nuestros propios párpados al pestañear?

Blink of an Eye

Seguro que nunca os lo habíais planteado, pero lo cierto es que cuando pestañeamos de forma natural apenas percibimos el breve momento de oscuridad al cerrar nuestros párpados.

Sabemos que la razón no es que nuestros ojos no sean capaces de detectar los apenas 50 milisegundos de oscuridad producidos por el parpadeo: unos "párpados artificiales" que se cierren durante ese mismo tiempo son detectados con facilidad. Este experimento se llevó a cabo a comienzos de los años 80, por Lorrin A. Riggsa, Frances C. Volkmann y Robert K. Moorea, tres psicólogos de la Universidad de Brown.

Parece ser entonces que de algún modo se suprime esa información antes de que llegue a la consciencia. Este fenómeno habría sido muy útil a lo largo de la evolución: una repentina bajada de iluminación puede ser la señal producida por el ataque repentino de un depredador, y reaccionar adecuadamente a ella puede ser cuestión de vida o muerte. Esa misma señal, cuando es producida por nuestros párpados, no debería desencadenar ninguna reacción.

jueves, 14 de abril de 2011

Pájaros que ligan... aumentando su cerebro


Cuando llega la época de cría, los machos de muchas especies desarrollan algún tipo de reclamo para atraer la atención de las hembras, o para competir por el derecho a recibir esa atención. Esas estructuras no tienen en muchos casos otros usos, gastan gran cantidad de recursos y son, por tanto, una desventaja competitiva para los animales que los desarrollan. Por tanto suelen ser desechadas tras la temporada de cría.

Así por ejemplo, los pavos reales desarrollan un abanico azul verdoso que pierde sus adornos en otoño. Similarmente, los ciervos machos desarrollan astas nuevas cada año, que pierden al final de la época de reproducción. Mucho menos conocido es que algunos animales hacen lo mismo con su cerebro.

lunes, 16 de agosto de 2010

Ceguera inducida por movimiento



Pon el video de arriba a pantalla completa y mira fijamente el punto verde parpadeante del centro. Probablemente veas que los puntos amarillos desaparecen, pero.. no es cierto. Lo puedes comprobar otra vez viendo el video sin fijar tu atencion.

Hoy por hoy los cientificos no tienen una explicación para el fenómeno. Otro ejemplo más de todo lo que queda por entender del cerebro!

Mas informacion: http://www.michaelbach.de/ot/mot_mib/index.html