sábado, 29 de septiembre de 2012

London Necropolis Railway, el tren de los difuntos

South Station, Brookwood Cemetery

No, hoy no hablaré de impregnaciones fantasmales ni de trenes encantados, eso lo dejaremos para "especialistas". Esta entrada es una breve incursión en el día a día del Londres victoriano.

La población de la capital británica se había duplicado durante la primera mitad del siglo XIX, provocando un problema de falta de espacio en los cementerios clásicos de la ciudad. Las tumbas eran frecuentemente abiertas y sus "inquilinos" desalojados, contaminando en ocasiones pozos y otras fuentes de agua potable con sus restos. Estas prácticas suponían un gran riesgo para la salud y tras la epidemia de cólera de 1848-1849 (que mató a casi 15.000 londinenses) quedó claro que había que buscar una alternativa.

Un tal Sir Richard Brown tomó la iniciativa, y compró un terreno en Brookwood, Surrey, construyendo allí un gigantesco cementerio, en aquel momento el mayor del mundo. Sólo quedaba pensar un pequeño detalle: el modo en el que iban a recorrer los difuntos el camino de 40 kilómetros que separaba Londres del nuevo cementerio. La joven tecnología del ferrocarril parecía la única adecuada, así que Richard Brown entró en colaboración con una de las compañías ferroviarias más importantes del momento, la London & South Western. Se creó así en 1852 la London Necropolis Company.

Por alguna extraña razón, los clientes habituales de la L&SWR (vivos) no querían viajar en los mismos trenes que los difuntos, así que se compraron vagones especiales para estos servicios funerarios. En ellos, como no podía ser de otro modo, las jerarquías sociales y económicas seguían tras la muerte, y los difuntos podían viajar a su destino final en tres clases diferentes. Independientemente de la clase, doce ataudes viajaban en cada vagón, y la compañía justificaba el superior precio de los billetes de primera clase por una mejor ornamentación y un mayor cuidado a la hora de transportar el ataúd en los dos extremos del viaje. Las familias y amigos en duelo viajaban en el mismo tren, en otros vagones también separados en tres clases.

Una segunda división venía dada por la religión de los difuntos. Los anglicanos eran enterrados en la parte sur del cementerio, mientras que los difuntos de otras religiones eran enterrados en la parte norte. Las dos zonas del cementerio tenían sendas estaciones de ferrocarril, con varios andenes para las diferentes clases económicas. Además de estas dos estaciones se construyó una terminal en Londres, la Waterloo Necropolis, con capacidad de almacenar 300 ataudes en espera de ser trasladados.

Los primeros servicios funerarios tuvieron lugar a finales de 1854. El servicio se consolidó rápidamente y el "expreso de los tiesos", como lo apodaban los trabajadores, pronto hizo un servicio diario, transportando cada vez hasta 48 cadáveres. Algunos servicios similares surgieron posteriormente, notablemente el que iba desde King's Cross al cementerio norteño de New Southgate, pero el original de Waterloo a Brookwood siguió siendo el más utilizado.

El cementerio de Brookwood nunca dispuso de instalaciones de cremación, pero los trenes y estaciones de la LNC servían también al cercano crematiorio de Woking (tras la legalización de esta práctica en 1884). Cuando Friedrich Engels murió en 1895, tras un servicio funeral en la terminal de Waterloo, cerca de 150 personas se desplazaron con su cuerpo hasta la estación norte de Brookwood (la habilitada para no anglicanos). Desde allí, sólo un reducido grupo de personas acompañó al difunto hasta Woking, lugar en el que fue cremado.

A comienzos de siglo XX, la London Necrópolis Company se trasladó a una mayor terminal en Westminster. Debido a su proximidad a los puentes sobre el Támesis y los principales nodos ferroviarios, la nueva terminal fue casi completamente destruída durante los bombardeos alemanes de 1941, interrumpiendo toda actividad de la compañía.

El tren de los difuntos no sobreviviría a la guerra. Pese a que la línea de Waterloo a Brookwood estaba en buenas condiciones, el ramal al cementerio había sobrevivido mal a casi cinco años sin uso ni mantenimiento. A esto había que sumar los costes de la reconstrucción de la terminal, y que la competencia de la carretera amenazaba la sostenibilidad a largo plazo de la compañía. En 1946 la LNC anunció oficialmente que los trenes funerarios no volverían a circular.

Fuentes y más información:

lunes, 27 de agosto de 2012

¿Qué tienen en común insectos y días de fiesta en el Reino Unido?

Hoy, último lunes de agosto, es fiesta en Inglaterra, Gales e Irlanda. Muchas tiendas y todos los bancos cierran, la universidad está vacía y sólo algunos "frikis" como yo hemos decidido presentarnos en el laboratorio. De hecho, hay incluso quien consideraría casi pecado mortal que precisamente un grupo de gente dedicada a la visión en invertebrados trabaje durante el día de hoy. Veamos la razón.

A mediados de siglo XIX, la gran mayoría de británicos disfrutaban de sólo dos días de fiesta a lo largo del año: Navidad y Viernes Santo. En 1871 se aprobaría la "Bank Holidays Act 1871", que instauraría cuatro nuevos días de fiesta en Inglaterra, Gales e Irlanda y cinco en Escocia (que aún no tenía ninguno), los llamados "Bank Holidays". Comprensiblemente, la gente estaba tan feliz con el cambio que por un tiempo llamó a los nuevos días de fiesta "St Lubbock's Days" en honor de Sir John Lubbock, el político responsable de la nueva ley.

Sir John Lubbock (1834-1913) fue un personaje peculiar, y no sólo por haber sido a la vez banquero y un político liberal partidario de aumentar los días de fiesta de los trabajadores (sin duda una rareza histórica). Amigo íntimo de Charles Darwin, compaginó su profesión de banquero (y luego su vida política) con un gran interés por la biología y la arqueología. Esto tendría su impacto en su actividad política, que tuvo como dos de sus pilares el refuerzo de la educación científica en las escuelas y la conservación de edificios históricos.

Pese a sólo dedicarse a la ciencia en sus ratos libres (como magníficamente refleja la inscripción de la imagen), Lubbock fue un científico influyente que apoyó con pruebas arqueológicas las tesis de Charles Darwin. Participó en el famoso debate sobre la evolución de Oxford, en el que intervino a favor de Huxley y de la Teoría de la Evolución. También fue un experto en insectos, particularmente himenópteros (el orden de abejas, avispas y hormigas). En ese campo fue su gran contribución a la visión en invertebrados, al descubrir que las hormigas son sensibles a la luz ultravioleta.

Fuentes y más información: 1, 2

martes, 31 de julio de 2012

20 000 kilómetros de vías en 36 horas

Estamos en los años 80 del siglo XIX. Los Estados Unidos se recuperan poco a poco de su terrible Guerra Civil. En particular, los derrotados estados sureños buscan su lugar bajo el sol. Desafortunadamente sus productos tenían un problema para llegar al norte. Cada zona del país había usado unos estándares diferentes en su ferrocarril, dificultando y encareciendo el comercio entre ellos.

Una multitud de diferentes anchos de vía convivían en los Estados Unidos del momento, pero hacia 1880 casi toda la red se había convertido a dos anchos incompatibles entre sí. Los estados norteños fueron adoptando poco a poco el ancho de vía estándar de 4 pies y 8½-9 pulgadas (aproximadamente 1 435 mm). Mientras tanto, el ancho de 5 pies (1 524 mm) se consolidó en los estados sureños. En 1885 la longitud de vía con este último ancho era más del doble que veinte años atrás.

Sin embargo, en aquellos años más y más sistemas ferroviarios cercanos se estaban mudando al ancho estándar (Texas en 1877, compañías canadienses durante los 1870 y 80...) y ya se había determinado que el Transcontinental se construiría con ese ancho. En 1880 ya había 7 veces más longitud de vía en ancho estándar que en el ancho sureño en los Estados Unidos y las presiones para adaptar el sistema ferroviario sureño arreciaron.

A la idea no le faltaban detractores. El cambio era costoso y durante un tiempo cada parte esperó a que fuera la otra quien adaptase su red. A las compañías sureñas no les faltaban razones: el consenso entre los ingenieros de la época era que el ancho de 5 pies era más adecuado.

lunes, 23 de julio de 2012

El bosón de Higgs ¿al fin cazado?

Mientras que algunas teorías se comprueban experimentalmente con cierta rapidez, otras pueden esperar décadas. Este es el caso del descubrimiento de la nueva partícula que anunció la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) el pasado miércoles 4 de julio. Con este hallazgo, puede que hayamos dado un paso de gigante en la verificación de una parte central de la Física de Partículas desarrollada hace casi medio siglo.

¿Qué es el bosón de Higgs?

El lector será seguramente consciente de que toda la materia que le rodea está compuesta por átomos. Cada átomo está formado por sólo tres partículas, electrones, protones y neutrones. Sabemos mucho sobre estas y otras partículas subatómicas y sus interacciones, pero la teoría que explica el origen de sus masas estaba pendiente de una importante comprobación experimental.

Seguir leyendo en El Ibérico...

sábado, 7 de julio de 2012

Tres reseñas rápidas sobre libros de historia

Hace mucho tiempo que perdí la buena costumbre de escribir en el blog sobre los libros que iba leyendo. Con la idea de que esta fase perezosa termine lo antes posible, hoy voy a hacer unas minireseñas sobre una novela histórica y dos ensayos que he leído últimamente:

Francis Spufford "Red Plenty" ("Abundancia Roja")


Finales de los años 50. La URSS se había convertido en la primera nación en situar a un ser humano en órbita alrededor del planeta. Su economía crecía a un ritmo vertiginoso, varias veces superior a la de su competencia al otro lado del océano. La propaganda oficial prometía un futuro de abundancia para los ciudadanos soviéticos y su industria se preparaba para cumplir esa promesa.

martes, 19 de junio de 2012

Sobre robots eficientes y gatos zombies

¿Cuál de los siguientes robots anda de manera más "humana"? ¿El mundialmente conocido robot japonés ASIMO...



... o uno de estos que ha diseñado el grupo de Andy Ruina en la Universidad de Cornell?





Seguramente casi todo el mundo responderá que los últimos, pese a su forma menos humanoide... ¿Qué está ocurriendo?

El primer robot (Honda ASIMO) se mueve por una serie de posiciones de equilibrio estático, y cada una de sus articulaciones está controlada por un actuador. La precisión con la que se tienen que controlar las articulaciones para que ASIMO no se desequilibre tiene que ser mucho mayor que aquella con la que nosotros controlamos nuestras propias articulaciones. Muy complicado, y con un consumo de energía alto.

El segundo robot, sin embargo, no tiene ningún tipo de control electrónico. Un inteligente diseño permite que avance automáticamente bajando una ligera pendiente. En cierto modo, se encuentra siempre en equilibro dinámico, "cayendo" continuamente hacia adelante de una manera controlada. Añadiendo algunos actuadores y un sistema de control electrónico, el tercer robot (Cornell Ranger) es capaz de andar y cambiar de dirección en terreno llano, con un consumo de energía mínimo. Escalando los diseños a un tamaño comparable, mientras que Cornell Ranger consume aproximadamente la misma energía que un humano al caminar, ASIMO consume 10 veces más. 

Esta aproximación al diseño de robots, en la que buena parte del control de movimiento se lleva a cabo de forma implícita en su estructura mecánica, se denomina dinámica pasiva (passive dynamics). El Monstruo Volador de Espagueti en su infinita sabiduría (o la evolución, según algunos radicales) tomo este camino a la hora de "diseñar" el movimiento de los animales. Al parecer, un perturbador experimento (anónimo, expertos del campo desconocen la fuente) muestra esto en un felino. Sin intervención del encéfalo (al haber sido desconectado de la médula), el animal parece reproducir los diferentes patrones de avance (gaits) al ser colocado sobre una cinta que se mueve a diferentes velocidades. Todo esto sólo con la mediación de los reflejos mediados por la médula espinal. El encéfalo serviría para modular y elegir entre estos patrones, nunca para generarlos.





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