viernes, 26 de octubre de 2012

Abbas ibn Firnás: el andalusí que quiso volar

Financiado por una conocida marca de refrescos que saben a jarabe, el exmilitar austriaco Felix Baumgartner ha dado mucho que hablar durante estas últimas semanas. Tras ascender en globo hasta los 39.068 metros, su salto ha superado varios records mundiales, convirtiendo a Baumgartner en el primer ser humano que supera la barrera del sonido en caída libre. Sin embargo, puesta en perspectiva su hazaña fue sólo una nueva vuelta de tuerca a las que Joseph Kittinger, Yevgeni Andreyev, Pyotr Dolgov y otros llevaron a cabo durante los años 60. Si hablamos de vuelos en globo, alturas similares se alcanzaban ya en los años 30, por ejemplo, los 23 km de altura del vuelo de Auguste Piccard en 1932

Si bien el primer salto en paracaídas se atribuye tradicionalmente a Louis-Sébastien Lenormand, que en 1783 saltó desde la torre del observatorio de Montpellier, para sorpresa de muchos de los lectores es en nuestro país donde encontramos los antepasados más remotos de la hazaña de Baumgartner (y de Jackass, dicho sea de paso). Y ocurrió muchos siglos antes que los vuelos en globo del "padre volador" ante el rey de Portugal en 1709 y de los intentos de Diego Marín, aquel burgalés que en 1793 quiso planear desde su pueblo hasta Soria. Hablamos del Al-Ándalus del siglo IX.

Estamos en 852, y un tal Armen Firman se prepara para saltar desde el minarete de la Mezquita de Córdoba ante la mirada atónita de la multitud que allí se había congregado. La gran capa enderezada por un ligero armazón de madera que portaba frenó su caída, lo suficiente para evitar que aquel temerario pionero sufriese heridas de importancia. Un magullado Armen Firman se convierte de este modo en el primer paracaidista del que tenemos constancia. Si hacemos caso a algunas fuentes, Armen Firman no es otro que el gran sabio andalusí Abbas Ibn Firnas, aunque otras colocan a este último entre los numerosos testigos del accidentado salto del primero. En cualquier caso, veremos cómo el filósofo andalusí trabajó para superar aquel accidentado intento.

Abbas ibn Firnas había nacido en 810 en Ronda. Entre la magufería y la ciencia, tal y como marcaba la moda de la época, recibió los calificativos de "músico, filósofo, poeta, astrólogo, alquimista y adepto a la magia blanca y la prestidigitation". Con el objetivo de sorprender a sus visitas, ibn Firnás había instalado en su casa una representación del firmamento, con efectos visuales y sonoros representando nubes y relámpagos. Desgraciadamente para él, algunos de sus contemporáneos se lo tomaron a risa, incluyendo una sátira algo escatológica del poeta Mu'mim Said.

A pesar de las críticas de algunos de sus contemporáneos, ibn Firnás es recordado hoy como uno de los grandes pensadores del momento. Fue muy probablemente el introductor de las técnicas de tallado del cristal de roca en al-Ándalus. Construyó para Abd al-Rahmán II (788–852) la primera esfera armilar (o astrolabio esférico) de la que tenemos referencia en al-Andalus, así como un reloj para el emir Muhammad (852-886), probablemente una clepsidra provista de autómatas. Fundó una escuela mecánica andalusí que según el historiador Ibn Hayyan "inventaba objetos curiosos y dignos de reyes, artilugios maravillosos y que causaban asombro, con bellas figuras y movimientos fantásticos por sus cambios de color y por hacer variar las aguas de las albercas y otros lugares."

Como comentábamos anteriormente, en la última parte de su vida ibn Firmán decidió seguir los pasos de Dédalo e Ícaro. Bien inspirado bien escarmentado por el accidentado salto desde el minarete, y tras años de observación del vuelo de las aves, en el año 875 el sabio andalusí diseñó y se hizo construir unas alas recubiertas de seda y plumas. De esta guisa se dirigió a la Ruzafa cordobesa con la intención de saltar al vacío, generando sin duda una gran atención entre los lugareños (algo así como hizo Baumgartner, pero sin marca de refrescos). Desconocemos el tiempo que permaneció en el aire o la distancia que planearía, aunque algunas fuentes mencionan que pudo haber sido considerable. Lo que sí ha trasmitido la historia es su duro aterrizaje, que provocó a ibn Firnán una lesión de espalda que le acompañaría hasta su muerte en el año 887.


Los intentos de volar del andalusí fracasaron, aunque sentaron un precedente que inspiró a pensadores posteriores como Roger Bacon. Un aeropuerto de Baghdad, un centro astronómico en Ronda, un puente de Córdoba y un cráter en la cara oculta de la Luna llevan el nombre de Abbas ibn Firnás. Particularmente respetado en los países musulmanes, Libia y las Comores han producido sellos de este pionero de la aeronáutica.


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