Desgraciadamente, tuve que abandonar la charla al comienzo de la sesión de preguntas; y digo desgraciadamente, porque me perdí un espontáneo la mar de simpático. Al parecer, con toda seriedad, le dijo al jesuita que había estado mintiendo toda la hora, ya que había estado hablando la ciencia y del conoci-miento. Tras terminar la conferencia, se podía ver a este paisano (Miguel, parece que era su nombre), descruzando piernas y repartiendo los siguientes panfletos:

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